RESOLUCIÓN PACÍFICA DE CONFLICTOS: DINÁMICA ‘VIP’ EN EL AULA DE EDUCACIÓN INFANTIL

Justificación

“A nadie, sea niño o adulto, le gusta el control y el castigo, que siempre consideran una ofensa a su dignidad, sobre todo cuando se ejerce en público.”

Celestin Freinet, La Escuela Moderna Francesa, 1996”

El conflicto no tiene por qué suponer necesariamente un proceso negativo; al contrario, puede convertirse, si se negocia, se consensúan y se integran las diferencias, en un proceso que ayuda a la transformación y evolución tanto del individuo como de la institución educativa. Tendemos a idealizar la niñez como una época sin problemas, pero la tierna edad por sí sola no ofrece ninguna protección contra los daños emocionales y los traumas que pueden enfrentar los niños y niñas. Si sumamos a eso la incertidumbre que forma parte del crecimiento, la infancia puede ser cualquier cosa menos una época sin problemas.

Los conflictos en los centros educativos, y más concretamente en el aula de Educación Infantil, si no se enquistan o degeneran en violencia, puede ser un factor de revitalización del grupo. Pero, para ello, es necesario marcar estrategias constructivas, y entre éstas (P.García, 1998), diseñar acciones alternativas, es decir, construir otros modos de respuesta que impliquen el mayor grado de flexibilidad y creatividad en nuestra actuación, plantear los conflictos como problemas y no como dilemas, y considerar que todas las perspectivas son reales para sus protagonistas.

Soporte Legislativo

Los antecedentes legislativos que dan soporte a la Cultura de la Paz tienen su origen en el Congreso Internacional de Yamoussoukro en 1989, y adoptada como programa de la UNESCO en 1995. Pronto se convertiría en un movimiento mundial con la implicación directa de amplios sectores de la sociedad en todos los continentes, lo que motivó que Naciones Unidas proclamara en el año 2000 como Año Internacional de la Cultura de la Paz, y decidiera la proclamación del Decenio Internacional de la promoción de una Cultura de Paz y No-violencia en beneficio de los niños y niñas del mundo (2001-2010).

La Cultura de Paz es, en definitiva, una cultura de la armonía social fundada en los principios de libertad, justicia y democracia, de tolerancia y solidaridad que rechaza la violencia; procura prevenir las causas de los conflictos en sus raíces y dar solución a los problemas mediante el diálogo y la negociación; y garantiza a todos el pleno ejercicio de todos los derechos y los medios para participar plenamente en el desarrollo de la sociedad. En síntesis, es la cultura fundada en el respeto al derecho humano de la paz.

En el ámbito estatal, la Ley 27/2005, de 30 de noviembre, de fomento de la educación y cultura de paz, ha establecido una serie de medidas destinadas al ámbito educativo y de la investigación, con el objeto de establecer la cultura de paz y no-violencia en nuestra sociedad.

Asimismo, la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, en los párrafos c), k) y l) de su artículo 1 establece como principios del sistema educativo la transmisión y puesta en práctica de valores que favorezcan la libertad personal, la responsabilidad, la ciudadanía democrática, la solidaridad, la tolerancia, la igualdad, el respeto y la justicia, así como que ayuden a superar cualquier tipo de discriminación, la educación para la prevención de conflictos y para la resolución pacífica de los mismos, así como la no-violencia en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social y el desarrollo de la igualdad de derechos y oportunidades y el fomento de la igualdad afectiva entre hombres y mujeres.

En Andalucía, la Ley 9/1999, de 18 de noviembre, de Solidaridad en la Educación, establece como uno de sus objetivos el desarrollo de actitudes de comunicación y respeto entre todos los miembros de la comunidad educativa, independientemente de sus capacidades personales y de su situación social o cultural.

Finalmente, la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía establece el Decreto 19/2007, de 23 de enero, por el que se adoptan medidas para la promoción de la Cultura de Paz y la Mejora de la Convivencia en los Centros Educativos sostenidos con fondos públicos.

Los conflictos en Educación Infantil

En la Educación Infantil encontramos problemas derivados del diferente desarrollo físico, conflictos derivados del juego, o conflictos surgidos por la propiedad de algunos objetos en los que utilizan la agresividad instrumental. Bien, profundicemos.

Durante esta etapa, los niños y niñas están aprendiendo a expresar sus ansiedades y temores. Se suele pensar que son demasiado pequeños para entender lo que está sucediendo, pues sucede que incluso los niños y niñas desde muy pequeños/as pueden asimilar los sucesos aterradores de las noticias o conversaciones que oyen por casualidad.

Observemos las señales de miedo o ansiedad que no son capaces de expresar con palabras, ¿están demasiado dependientes y necesitan más abrazos y besos de lo habitual? ¿Comienzan a hacerse pis en la cama o chuparse el dedo después de haber dejado atrás esa conducta? Puede que estén sintiendo la presión de lo que está sucediendo en el mundo a su alrededor.

Rafael López Linares (1998) sostiene que “existen correlaciones entre comportamientos problemáticos de los hijos en la escuela y las circunstancias de las familias. El tipo de conducta que desarrolla un ser humano no está determinado por su herencia genética, sino, básicamente, por la experiencia vivida, por el aprendizaje social que haya tenido, por el ambiente en el que se haya desenvuelto.”

Por un lado, los padres y madres tienen que demostrar interés por el trabajo de sus hijos/as y acostumbrarse a estimularlos. Los sentimientos de éxito refuerzan su confianza, pues en la alabanza de la obra va también incluido el que la ha realizado. Si los padres y madres alientan la autonomía de sus hijos/as y les proporcionan un mínimo de control, estarán facilitando su adaptación personal, escolar y social.

Por otro lado, la figura del docente debe contribuir a elevar el auto-concepto de los padres y madres para que ellos/as, a su vez, eleven el de sus hijos/as. Saldremos todos ganando.

Dentro del aula, el desarrollo de las habilidades sociales implica (Vaello Orts, 2005):

El autocontrol es la capacidad de dominar los pensamientos, las emociones y los comportamientos consecuentes a ellos. Un bajo autocontrol provoca sufrimientos innecesarios y convoca actuaciones encontradas con nuestros propios intereses. La irritabilidad, la ansiedad o la intolerancia a la frustración pueden situarse en el origen de la falta de autocontrol. En cualquier caso, las emociones no son reprimidas, pero tampoco se canalizan adecuadamente.

La autoestima es la evaluación de la propia valía, constituida por cómo nos vemos y cómo creemos que nos ven los demás. Su importancia es incuestionable para otros muchos procesos psicológicos y el bienestar en general.

Nos centraremos en la resiliencia, (Rutter, citado en Vaello Orts, 2005) es la “capacidad de superación de las adversidades, saliendo fortalecido y transformado positivamente por la experiencia”. El término se toma de la ciencia, cuyo significado se refiere a la cantidad de energía que puede absorber un material antes de que comience su deformación irreversible, esto es, la deformación plástica. Expresa, pues, la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber sido sometido a presión.

Los niños y niñas necesitan adquirir resiliencia a través de los adultos que la fomenten y, dentro de nuestras aulas, con la Dinámica “VIP” que comentaré más adelante.

Entendamos el término con una experiencia:

“Rafa es un niño de cuatro años a quién siempre le está pegando Agustín, también de cuatro años. A veces lo tira al suelo y le da patadas. Si Rafa le dice que lo deje tranquilo, entonces es peor, porque Agustín se ensaña aún más con él. Rafa le ha cogido miedo, pero no se atreve a contárselo a nadie por temor a las represalias de Agustín. Un día que fue su madre a recogerlo, encontró a Rafa desaliñado, y él sin poder aguantar más se lo contó todo.”

¿Es Rafa un niño con resiliencia? En este caso, no. Porque no es capaz de hablar sobre lo que le está pasando, podría haber recurrido a la maestra/o, a un adulto/a cercano para que lo ayudase y conseguir que Agustín dejase de pegarle.

Veamos las características de la resiliencia (Grotberg y Suárez, 1996), para saber qué le faltó a Rafa en su actuación.

En la capacidad de resiliencia confluyen las fuerzas del tengo, soy/estoy, puedo. El niño/a resiliente puede recurrir a la fuerza interior soy/estoy, que hemos ayudado a adquirir; puede recurrir a la habilidad con las relaciones humanas puedo, que hemos ayudado a cultivar; y al apoyo que le hemos brindado tengo

Un niño/a sería resiliente si:

  • Tiene fuerza interior soy/estoy.
  • Tiene buena disposición para las relaciones humanas puedo.
  • Sabe comunicarse con los demás y resolver sus problemas puedo.
  • Puede contar con ayuda tengo.
  • Tiene modelos que le enseñen cómo actuar tengo.

Como vemos, la tarea es ardua para el caso de Rafa, el puedo habría solucionado parte de su conflicto. El niño/a no resiliente no sabe actuar adecuadamente y se rebela contra lo que ya no tiene remedio. De hecho, podemos decir que esta capacidad no es innata y la mayoría de los padres, madres y adultos, en general, no ayudan a adquirir la resiliencia. Ello se debe a que es un concepto poco usado y casi ignorado, de ahí, que no se sepa fomentar en los pupilos.

Causas que dificultan la capacidad de resiliencia:

  • Desconocimiento de la resiliencia como actitud para afrontar las situaciones adversas.
  • Incapacidad para adaptarse a los cambios rápidos que exige la vida moderna.
  • Mensajes contradictorios, que obstruyen la resiliencia.
  • Frustración ante el fracaso.
  • Percepción negativa de los acontecimientos vitales.

Los acontecimientos vitales (life events), especialmente las “pérdidas”, son situaciones que pueden desencadenar en los niños/as síntomas de estrés y padecimientos psicosomáticos. Vemos que estas causas suele ser lo normal y cotidiano, y para acercarnos aún más en el cómo resolver los conflictos de forma pacífica, atenderemos al siguiente plan de actuación.

Dinámica “VIP”

Fases del conflicto:

  • Desacuerdo: “Agustín grita a Rafa que tiene una pelota agarrada con los dos brazos.” En este momento podemos prever y anticiparnos.
  • Detonante: es la chispa, el momento en que estalla el conflicto. Rafa no le mira y sigue quieto con la pelota. Agustín pega a Rafa en el brazo y Rafa contesta que le deje tranquilo. Ambas partes están enfrentadas.
  • Evolución: es la historia que rodea al detonante, en este momento se involucran más miembros, agrandando y complicando el problema. “Agustín insulta a Rafa y Rafa devuelve el mismo insulto, se añaden dos niños más que tratan de quitarle la pelota a Rafa y éste pega a uno de ellos una patada.”
  • Desenlace: si no se ha podido intervenir anteriormente, siempre estamos a tiempo para una correcta intervención. Para evitar que el conflicto se mantenga, se polarice o se enquiste, y para resolverlo de forma democrática:
    1. Se convoca a nuestro alumnado: ¡ESPEREN, MOMENTO VIP! Nos sentamos todos/as y cada uno/a en su sitio.
    2. Se pinta con tiza de color un “círculo de la Amistad” en medio del aula, en el que están en pie Agustín y Rafa.
    3. Por turnos, cuentan qué les ha pasado. Con la ayuda del docente-mediador, y sus preguntas, consiguen explicar cómo se sienten.
    4. Los demás escuchan lo más atentamente posible a sus dos compañeros. Antes de que intervengan con sus opiniones, se sientan Rafa y Agustín en el “círculo de la Amistad”, y el docente-mediador cuenta un cuento dibujando en la pizarra el conflicto sucedido.
    5. Asamblea general, todos opinan por orden, aportan soluciones, cambian el final del cuento, proponen otros modos de comportarse, mientras Rafa y Agustín escuchan. La ayuda del docente-mediador, la escucha, la propuesta democrática es crucial en esta etapa para que se llegue a un acuerdo.
    6. Rafa y Agustín se sienten escuchados, queridos y apoyados; proponen su cambio en la conducta, se fomenta el soy/estoy ayudándoles a adquirir fuerza interior; el puedo, cultivando habilidades en las relaciones; y el tengo, ofreciéndoles apoyo.
    7. Una de las mejores estrategias para el cambio de conducta es el refuerzo social. Se presenta la “zona VIP” (unas mesas disponibles en un ángulo de la clase visible a los demás y donde se sienta la gente muy importante porque van a realizar grandes cambios que todos reconocerán, como los grandes presidentes). Antes de sentarse, firman (garabatean) un “contrato de Paz” con bolígrafos de colores. Y se sientan juntos en la “zona VIP” para hacer un dibujo compartiendo el material utilizado.
    8. Los demás siguen sus tareas y el ritmo de la clase sigue su curso.

REFLEXIÓN

Se trata de incrementar el repertorio adaptativo del niño y de la niña mediante habilidades de solución de problemas para afrontar situaciones concretas de la vida cotidiana.

En las situaciones en las que nuestros alumnos y alumnas forman parte de la solución, lógicamente, quieren saber qué pueden hacer para resolver sus problemas.

Este método no consiste en fomentar el conflicto para que todos se sientan importantes, sino al contrario, enfocar el conflicto hacia la comunicación de las partes, desarrollando la capacidad de escucha, de empatía, de imaginación para dar nuevas soluciones, de voluntad para conseguir el cambio y de Armonía para convivir en Paz.

Bibliografía

Referencias de manuales

  • Carmen Batres, Francisco de Paz (2001). Pupitres desiguales. Integrar o excluir: el actual dilema de la educación. La Catarata, Madrid.
  • Ángel Morales Gómez (2001). Problemas en el aula. Colección Claves. San Pablo, Madrid.

Referencia digital

  • American Psychological Association, www.apa.org/centrodeapoyo/guia.aspx

Referencias legislativas

  • Decreto 19/2007, de 23 de enero, por el que se adoptan medidas para la promoción de la cultura de Paz y la Mejora de la Convivencia en los Centros Educativos sostenidos con fondos públicos.

  • Orden de 18 de julio de 2007, por la que se regula el procedimiento para la elaboración y aprobación del plan de convivencia de los centros educativos sostenidos con fondos públicos.
Este artículo forma parte de la publicación nº02