EL PEDAGOGO Y SU CONTEXTO

            Tener como referencia, entre algunas otras, a Ferrer Guardia no es una cuestión de capricho si no de compromiso social, que hoy, tanto como ayer resulta fundamental si queremos que nuestros hijos e hijas crezcan en una sociedad más justa, y por tanto más humanizada.

            Para poder ofrecer una visión lo más objetiva de la obra del pedagogo catalán no es una tarea sencilla, pero una buena forma para llevar a cabo esta tarea es mostrando los siguientes puntos a tratar. En primer lugar, ofreciendo una biografía de su polémica, fructífera y comprometida vida, ya que fue un hombre de principios, que tuvo, como tantos otros, un trágico final.

             En segundo lugar se hace necesario mostrar las influencias recibidas, ya que, el hombre es “arrojado al mundo” (Sartre), no está “cuan tabula rasa” como pretendió Descartes, sino que nace en una cultura, con un lenguaje, y con una historia, además de otros muchos condicionantes, como pueden ser la genética, (el temperamento), la familia, muy católica y de misa diaria, lo que hizo que un espíritu libre y crítico abrazara el ateísmo; y también los amigos, tan importante como fuente socializadora. Con todo lo anterior me estoy refiriendo las circunstancias: “yo soy yo y mis circunstancias …” (Ortega y Gasset).

            Y dentro de esas circunstancias está el contexto histórico e intelectual que le tocó vivir. Resulta por ello inevitable comprobar en qué grado éstos se encuentran presente en la obra del autor.

            Cabe destacar aquí, que desde el punto de vista filosófico, el pensamiento de su época se encuentra dominado por la corriente filosófica denominada “positivismo”, que supuso una clara influencia sobre su obra educativa. Así como mencionar otros pensamientos de la antigüedad  que se plantearon objetivos similares, por ejemplo el concepto de paideia  propia de los antiguos griegos.

            Ambos conceptos, salvando la enorme distancia temporal, así como los propios contenidos conceptuales, guardan de alguna manera relación con la obra de Ferrer Guardia. Y el hecho de que éste fuera consciente de esta relación o no, no resta coherencia ni verdad al mismo hecho.

            “De ahí, que al hacer Historia de la Educación hayamos de contar con la Historia General de la Filosofía, la Historia de la Literatura y en resumen, con la Historia de la cultura.” (LLOPIS SÁNCHEZ, J.,1983, pág.7).

            El párrafo anterior evidencia la importancia del contexto histórico en el que vive. Y es que, como decía el propio Hegel, sacar a un autor de su contexto histórico es tener un punto de vista no histórico, y añado personalmente, es tener un punto de vista injusto e injustificable. Somos hijos de nuestro tiempo, y por ello nos planteamos lo que la propia sociedad nos invita a plantearnos.

            Estamos hablando del siglo XIX, el llamado “siglo de las Revoluciones”, un siglo muy convulso, cuyo telón de fondo plantea la enorme problemática social, la falta de cohesión social provocada por la enorme injusticia que caracterizaba la época. Es por ello que también se denomina a este siglo, el de la “cuestión social”. De ahí que un hombre como Ferrer no cerrara los ojos a la evidencia, y adoptara una posición activa en esa necesidad de cambio profundo. En este sentido,  respondió al reto que la sociedad de su época le planteaba, y lo hizo con razón, con convicción, con valentía y con mucha esperanza en el progreso.

  

                                  Retrato enmarcado de Ferrer

            Por otro lado, desde el punto de vista cultural, hay que mencionar el hecho de que hacia final del siglo XIX el Realismo se extiende como corriente cultural. El Romanticismo significó la ruptura con la exaltación de la razón y la búsqueda de la universalidad propias de la Ilustración en favor de la irracionalidad del sentimiento y del individualismo. Sin embargo, ya a finales de siglo se pretendía mostrar la realidad de la época fielmente, siendo buenos ejemplos de ello autores de distintas nacionalidades como Tolstoi, Hugo, Dikens, Galdós, etc. 

             En la segunda mitad del S.XIX, la ciencia adquiere una gran expansión, aparecen nuevas ciencias o teorías revolucionarias, la teoría evolucionista desarrollada por Darwin y Lamarck y la teoría de la relatividad de Einstein. La psicología llega a la categoría de ciencia con Wundt, también la sociología se crea con Comte, a la que también contribuye Marx.

             Ferrer Guardia también  participa dentro de la mentalidad cientifista de la época. De ahí el carácter revolucionario de su proyecto educativo, haciendo una clara apuesta por la ciencia, y pidiendo la colaboración de los más eminentes científicos internacionales y españoles para tal proyecto.

                   Es de justicia reconocer la gallardía de llevar a cabo su apuesta educativa, así como su convicción ideológica y utópica, que como es lógico, y ha quedado explicado en los párrafos anteriores, entra dentro de lo que una persona con su temperamento, su capacidad, su ambición intelectual y su compromiso social, hubiera realizado en el contexto histórico que a él le tocó vivir.

             En vez de poner su intelecto al servicio de unos fines egoístas, su filantropía le hace buscar el bien de la humanidad y no buscar bienes materiales. En lugar de apostar por el conservadurismo de una sociedad tremendamente injusta; y dado su enorme capacidad autodidacta, así como su destacada inquietud intelectual, apostó por el progreso, por la esperanza en una sociedad mejor, familiarizándose con las ideas de los padres del anarquismo.

            “Por ello bastará la educación para que, como proponen Owen, Saint-Simon o Proudhon, aparezcan los valores de la solidaridad,  y la cooperación, pues es propio de los más evolucionados la disposición a la ayuda mutua según afirma Kropotkin”. (COLOM, A. J. coord.,Teorías e instituciones contemporáneas de la educación, 2004, pág. 85).

            El párrafo anterior evidencia la profunda sintonía que existía entre Ferrer Guardia y el pensamiento del “socialismo utópico” según la nomenclatura que el propio Marx otorga a Owen, Saint-Simon y Fourier; así como los padres del anarquismo,  los autores decimonónicos Bakunin y Kropotkin.

                                                                                                                                                                                                                        En la imagen de la izquierda se hace explícita esta sintonía con la izquierda de la época. Postal publicada por la Escuela Moderna donde aparece la inscripción: “Paz en la tierra sobre las ruinas del Privilegio”,             escrita en castellano, francés e inglés.

            Gracias a personas como este autor, la humanidad dejó de vivir en las cavernas, y se ha podido llegar a este estado de bienestar social, que por desgracia sólo disfruta un escaso porcentaje de la humanidad, y que además, en estos tiempos que corren está en peligro, nuevamente por la ambición desmesurada de unos pocos, y la falta de control de otros muchos callan y consienten.

 

AGRADECIMIENTO

Mi agradecimiento a Edu Richard Simón, miembro de la Biblioteca Francesc Ferrer y Guàrdia, permitiéndome utilizar las imágenes del banco de fotografías de la citada biblioteca. Y que recomiendo su visita para todos aquellos que quieran conocer más sobre este gran pedagogo catalán.

http://biblioteca.laic.org

 

BIBLIOGRAFÍA

 COLOM, A. J. coord.(2004). Teorías e instituciones contemporáneas de la educación. Páginas  86 y 87.

Este artículo forma parte de la publicación nº02