LOS MEDIOS Y LA PROFESIÓN DOCENTE

INTRODUCCIÓN

Los medios ejercen una presión añadida a la profesión docente. Quiere esto decir que, de la misma forma que los medios contribuyen a formar una imagen pública de lo que los propios medios consideran de su interés, está contribuyendo a formar una imagen del profesional de la enseñanza en un doble sentido. Esto es, desde una parte, la imagen que la sociedad tiene de estos profesionales, y desde otra parte, la imagen que el docente, fruto de la influencia anterior, percibirá de sí mimo, eso a lo que los psicólogos llaman metaperceptición.

En este flujo de influencias se hace necesario tener en cuenta un tercer aspecto, que no es otro sino el de la realidad de los distintos contextos en los que se desarrolla el ejercicio de enseñar. Y que, de manera inevitable, media en todo el proceso de influencias. Una cosa es lo que la mayoría de la sociedad cree que debe ser un profesor, lo que influye en la imagen superyoica que el propio docente tiene, y que en muchas ocasiones choca con este tercer aspecto que es la realidad de la práctica docente.

DESARROLLO

Se ha convertido en algo habitual en los medios la imagen de una educación “de trinchera”, si se me permite la expresión, esto es, que la educación se produce en un ambiente hostil, en el que docente prácticamente sólo se puede preocupar de que la grave situación por la que pasan los verdaderos protagonistas del proceso de enseñanza y aprendizaje, que no son otros sino los alumnos y alumnas, no vaya a peores. Siendo la enseñanza y aprendizaje de unos contenidos para conseguir unos objetivos que contribuyan a desarrollar unas competencias básicas, el menor de los problemas a los que hay que hacer frente en esta educación “de trinchera”.

En este sentido conviene recordar esa serie nefasta que lleva por título “Física o química”, y que flaco favor está haciendo a la sociedad en su conjunto, y a la profesión en particular.

Lógicamente series así, unido a las noticias que suelen ser habituales por desgracia, donde los profesores son agredidos por alumnos, mientras otros lo graban, o un padre agrede al profesor de su hijo, están contribuyendo de manera inevitable a la imagen por la que pasa la profesión en la actualidad.

Siempre ha habido estereotipos sobre los profesores, cómo estos deben ser; aunque esta imagen estereotipada va a depender, como es de entender, y como tantos otros aspectos de la vida, de la cultura, de la época y de la clase social a la que uno pertenezca; sin entrar en la problemática de cuáles son los parámetros que se tienen en cuenta para medir la clase social.

Ciertamente, el estereotipo del maestro siempre debería ser el que aparece en muchas películas famosas, como, por ejemplo “El club de los poetas muertos” o “El club  de los emperadores”.

Pero cabe preguntarse si esa imagen se corresponde con la realidad. Tanto en la película anteriormente mencionada, como en muchas otras, nos encontramos con la misma imagen estereotipada del profesor que hace las veces de amigo, guía espiritual, etc. al igual que los protagonistas de ciertos films como los mencionados. Esta es la parte superyoica instalada en la sociedad, que sin embargo no se corresponde con cierta parte de la realidad.

Y es que, un profesor puede ser el mismo para 25 ó 30 alumnos dependiendo de la etapa y las necesidades del centro, pero esos alumnos no se comportarán de igual forma con el profesor. Aunque finalmente, sí que ese mismo profesor se podrá comportar de forma distinta con unos que con otros.

¿Pero qué significa esto? ¿Es que está discriminando o proporcionando un trato de favor a unos frente a otros?

No, nada de eso, y lo paso a explicar con ejemplos, que es como se puede evidenciar esta hecho. Un padre, o una madre, que se comportan y crían exactamente igual a dos hijos nacidos en el mismo parto, y del mismo sexo, y sin embargo cada uno tiene un carácter distinto, y se comportan de forma distinta tanto en la escuela como en la casa.  Es posible que a uno se le tenga que corregir más a menudo que al otro, y que siendo los padres los mismos, tengan que adoptar una actitud más controladora frente a uno que frente al otro.

Estos padres, en función de los comportamientos respectivos tienen que adoptar distintas formas de ejercer de padres. Siendo más permisivos o más controladores.

Desde el ejemplo anterior, y trasladándolo al contexto educativo, cabe suponer, que aunque el profesor sea el mismo, tendrá que adoptar distintas formas en función de de cada alumno. Es fácil suponer, que un profesor, salvo en el caso de una patología psíquica, es una persona que “no le va a coger manía” a nadie. Pero que sí tendrá que responder de forma distinta ante estímulos distintos.

Y es que, cuántas se veces se escucha: “es que el profesor me tiene manía”. Y lo peor es que se cae en la tentación de dar prioridad a  lo que dicen los hijos que a lo que sería de sentido común. Salvando, lógicamente las excepciones que pueden existir.

Cada vez más se está extendiendo una imagen negativa de esta profesión,  como a la que me refería  “del profesor maniático”, de igual forma hay algo que es recurrente en el conjunto de la sociedad, como es el culpabilizar de nuestras propias deficiencias al profesorado: “es que yo tuve muy malos profesores de matemáticas”, etc. Lo cual no significa que no existan malos profesionales, profesores sin vocación que por avatares del destino han dado con sus huesos en esta profesión, donde la misma resulta imprescindible.

De todas formas, más a menudo de lo que sería deseable, cuando se habla de los docentes los padres tienden a culpabilizar a estos de los bajos rendimientos de sus niños, resulta mucho más fácil que asumir que no se está ejerciendo de padres, sino más bien, y tal y como nos inculcan los modelos en la filmografía, en su mayoría norteamericana, de amigos, que es el rol que los medios nos están inculcando, los padres tienen que ser amigos, y un amigo tiene que tener tu misma mentalidad y no estar censurándote con demasiada frecuencia, además de apoyarte incondicionalmente.

Pero cada vez se alzan más voces, no sin falta de razón, afirmando que si los padres asumen el rol de amigos los hijos se están quedando huérfanos, porque nadie está asumiendo el rol de padres.

Y todas estas noticias, series y películas están afectando a la visión que nuestra sociedad tiene del profesorado y del sistema educativo en general. Alimentando el estereotipo idealizado del profesor, de cómo debe ser éste para ser un buen profesional. Uno de los aspectos que debe cumplir el buen docente es el de procurar un trato individualizado con cada uno de los alumnos. Pero lo cierto es que, en una enseñanza masificada, y un profesorado cargado de tareas, a veces esto resulta casi imposible. Entre otras cosas  porque los niños, y los adolescentes, como tantos adultos, sólo tienden a ver como bueno y justo todo aquello que les conviene y como injusto todo aquello que no les conviene, esto está íntimamente relacionado con la teoría de Lorenz Kohlberg sobre el desarrollo moral del ser humano, para este autor son pocos los adultos que llegan al nivel posconvencional de la conciencia moral, es decir, quienes adquieren la autonomía moral, más allá de su conveniencia, e incluso más allá de lo que la mayoría de la sociedad vea bien, ya que hay sociedades donde  a la mujer se le sigue tratando como a una propiedad más. Una persona con autonomía moral, es decir, que haya alcanzado este estado moral, irá más allá de lo que el conjunto de la sociedad contemple como bueno o malo.

En la teoría piagetiana podemos apreciar la dificultad que el niño tiene para descentrarse de su propio punto de vista y considerar el de otros y esto es conocido como egocentrismo. Los niños pequeños atribuyen a los objetos que le circundan sus propios pensamientos y sentimientos, y sólo después de un proceso desarrollan la capacidad de empatía asimilando que los demás piensan y sienten de forma diferente a ellos.

Y todo lo anterior se refiere a la mayoría del alumnado que resulta sumamente subjetivo a la hora de valorar sus esfuerzos y los del profesor. Pero además, si tenemos en cuenta que en muchas clases la cuestión de la enseñanza se complica con el reto añadido de tener uno o dos alumnos diagnosticados como hiperactivos, o con algún problema de conducta. Conozco casos en los que la profesora ha roto a llorar tras unas críticas lanzadas en forma de exabruptos y una tensión acumulada por tanta frustración. Me refiero al caso de una chica interina, y que como tal llega la última al centro y tiene que hacerse cargo de la clase que los demás docentes no han querido.

Cuando he apuntado estas notas sobre la conciencia moral es porque hay que hacer hincapié en la necesidad de corregir a los niños en esas conductas que son tan normales como necesaria es su corrección. Esas conductas de los niños se tienen que mejorar mediante la socialización, y es así como se convertirán en “humanos”, con toda la profundidad del término. De ahí la necesidad del grupo primario, y como máximo representante de éste, la familia, como agentes socializadores. De lo contrario se produce esa laguna de la que hablaba el profesor Esteve.

Así, tanto los padres como los docentes responden a estereotipos que les vienen dados, y que responden a la figura del amigo, o incluso a la de padre o madre cegada por el amor incondicional a sus hijos. Lo cual, idílicamente no debería estar reñido con la figura de educador, pero en la realidad, cuando una madre castiga o un padre castiga, los primeros castigados son ellos en un doble sentido, primero porque a ellos les duele más el castigo, y segundo porque los primeros castigados son ellos que tienen que permanecer vigilantes por las tardes, suponiendo que sus trabajos les permitan ejercer de padres, lo cual en muchas ocasiones es un lujo, dado los horarios laborales de muchos padres o madres.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión podemos observar que los mass media han ejercido una fuerte presión social, cargando de estereotipos, no sólo los roles de profesor o profesora sino también de otros agentes socializadores fundamentales como los padres. Así, mucho de lo publicado en prensa, las películas, y las noticias en los distintos canales, afectan a la imagen pública que se tiene de esta profesión. Porque sin lugar a dudas, la imagen pública viene determinada por la imagen publicada, aunque ésta se aleje de la realidad. Afectando a los propios profesionales y a la metapercepción que ellos practican.

BIBLIOGRAFÍA

ESTEVE, J.M. (1987). El malestar docente. Barcelona: Paidós.

SANTOS GUERRA, M. A. (2008). La pedagogía contra Frankenstein. Y otros textos frente al desaliento educativo. Barcelona: Editorial Graó.

Este artículo forma parte de la publicación nº01